La piel del bebé, piel recién nacida

La piel del bebé, piel recién nacida

La piel de un bebé es como él: delicada, frágil e indefensa. Hasta los tres años no termina de formarse esta barrera protectora que le aisla de las agresiones medioambientales externas, bloquea la penetración de moléculas nocivas y evita la pérdida de agua y electrolitos.

La mayoría de los bebés nace con una capa grasa que recubre todo su cuerpo y que se llama vérnix caseosa. Está comprobado que protege la delicada piel del feto de las rozaduras y del agrietamiento y tiene propiedades antibacterianas, bactericidas y antioxidantes. No es recomendable retirarla porque, hasta que sea reabsorbida por el propio organismo, protegerá al recién nacido frente a la deshidratación y le ayudará a regular la temperatura corporal.

La capacidad para regular el calor y el frio no está completamente desarrollada por la piel de los bebés, por eso son más sensibles a los cambios de temperatura. Asimismo, sus glándulas sudoríparas están más activas, ese es el motivo de que suden con mayor frecuencia.

Por otra parte, el grosor de la epidermis de un recién nacido puede ser hasta un 30% inferior que el de la piel de un adulto. Esto le hace más propenso a hematomas, irritaciones o infecciones. De hecho, las infecciones tienen una vía de entrada más fácil en los bebés, ya que todavía no han generado completamente las defensas de la piel que les defienden de determinadas bacterias.

Además, la piel de los bebés presenta una mayor reactividad vascular y una menor facultad para sintetizar la melanina. Esto hace que se ruboricen o palidezcan con mayor frecuencia y que sean más proclives a sufrir quemaduras solares.

Sus propias características hacen que la piel de los más pequeños sea proclive a algunas alteraciones concretas -que suelen desaparecer por si solas o con sencillos tratamientos- como son la costra láctea, la sudamina o el acné neonatal o la dermatitis del pañal.

Todas las particularidades que diferencian la piel de los recién nacidos de la de los adultos, hacen que esta requiera productos especiales para su cuidado.

La limpieza e hidratación son fundamentales, pero han de ser respetuosas con la piel del bebé. Resultarán especialmente recomendables un limpiador, una crema hidratante y una crema para la zona del pañal, que contengan activos hidratantes y suavizantes y sobre todo, no irritantes.

El limpiador sin aclarado de Carmenta lleva un alto porcentaje de dos componentes que cumplen con estos requisitos: glicerina y betaina (extraido de la remolacha) La crema infantil de cara y cuerpo -con leche de almendras, extracto de algodón y aceite de caléndula)- tiene cualidades hidratantes, reparadoras y protectoras. Y el bálsamo de pañal, cuenta con una base altamente emoliente de aceites 100% vegetales que consiguen minimizar la aparición de las posibles irritaciones y rozaduras características de esta zona tan delicada.

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